Tu cuerpo se detiene, pero tu mente continúa corriendo. Comprender qué mantiene tu energía en tensión es el primer paso para recuperar la calma.
Por Yogui Jiwan-Ji · 4 de septiembre de 2026

Estás cansada. Por fin te sientas, apagas el ordenador o te tumbas en la cama. Pero, aunque tu cuerpo se ha detenido, dentro de ti todo continúa en movimiento.
Repasas conversaciones, anticipas lo que sucederá mañana y recuerdas todo lo que todavía no has hecho. Quieres relajarte, pero cuanto más lo intentas, más consciente eres de la tensión.
Descansar significa detener la actividad. Relajarse significa que el cuerpo y la mente dejan de sentirse en alerta. Puedes estar tumbada y seguir sosteniendo tensión en la mandíbula, en los hombros, en la respiración y en tus pensamientos.
La calma no aparece mediante una orden. Aparece cuando tu sistema comprende que, por un momento, ya no necesita protegerte de nada.
PONLO EN PRÁCTICA
Siéntate cómodamente y permite que los hombros desciendan. No intentes relajarte; simplemente observa cómo estás.
Inhala suavemente por la nariz contando hasta cuatro. Exhala contando hasta seis, sin forzar la respiración.
Repítelo cinco veces. Al terminar, observa si ha cambiado algo en tu cuerpo, en tu respiración o en tu mente.
No busques sentirte completamente diferente. Percibe el pequeño cambio.
Ahí comienza la calma.
No necesitas esperar a que desaparezcan todas tus preocupaciones para sentir calma. Cada vez que te detienes, respiras y escuchas tu cuerpo, estás fortaleciendo el camino de regreso a ti.
Practicar no significa hacerlo perfecto. Significa recordar que puedes volver.
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